Lo dramático se presenta pero se detiene tras la trama de una enredada pero confiable arquitectura. Depende del espectador desde qué ángulo elige acercarse a estas inquietantes imágenes, en qué estrato de significaciones quiere ubicarse. Aquí lo bello y lo feo estéticos producen fronteras porosas: van y vienen, flotan y reflotan sin parar frente al asombro de quien observa estas fotos-pinturas-juguetes.
En esta muestra se confirma la categoría artística de la fotografía, pues se logra su esencia, ofreciendo testimonio de que sus creadores pueden capturar el instante cuando sucede el milagro de percibir el alma de las cosas y de los sucesos, abrirse a su recepción, almacenarlo, reproducirlo y traer a nuestra mirada para compartir este prodigio.
Marta Zátonyi
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